Ser vegana, más que un cambio en el menú

Salir a la calle y hablar con la gente cambia radicalmente cuando tus ideas y tus acciones salen de la norma estipulada por la sociedad occidental actual. Lo que quiero decir es que antes de ser vegana entraba en una tienda, compraba lo que iba a buscar..
Ana Arnal

Salir a la calle y hablar con la gente cambia radicalmente cuando tus ideas y tus acciones salen de la norma estipulada por la sociedad occidental actual. Lo que quiero decir es que antes de ser vegana entraba en una tienda, compraba lo que iba a buscar y salía de allí sin más, pero eso cambió desde que mis hábitos y mi escala de valores también lo hicieron

Por ejemplo, no hace mucho fui a la peluquería  y cuando el peluquero me preguntó si quería que me pusiera una espuma para dar volumen yo le pregunté quien era el fabricante. Sorprendido por mi reacción, me empezó a decir que estaba muy bien que me preocupara la salud de mi pelo, pero su sorpresa fue mayor cuando le expliqué que mi preocupación no iba dirigida hacía ese tema sino hacía los crueles experimentos que muchas industrias realizan en animales para que unos cuantos humanos se sientan bellos y cuidados, cuando existen en el mercado productos sin crueldad de igual o mayor calidad.

Le dije que soy vegana, que lucho por el derecho para todos los animales, que no es ético utilizarlos, maltratarlos ni matarlos, le expliqué que la dieta vegana es mucho más sana y libre de crueldad. Mientras, él escuchaba todo lo que le decía con mucho interés y curiosidad, su respuesta ante mis argumentos fue: “Bueno, yo como muy poca carne, casi no me gusta ni me apetece. Lo que más como es fruta.”, una respuesta muy típica, pero como me dijo un amigo: “Sí, todos comen muy poca carne. Entonces, ¿dónde va a parar toda la carne que sale de las granjas industriales?

Cuando me presentan a una persona a la que no conozco la muletilla después de decir “ella es Ana” es “¿sabes? Es vegana”. Eso no es algo que me moleste, ya que me dan la oportunidad de explicar todo el significado de esa palabra. Me he pasado horas hablando con gente a la que no conozco, sobre este tema y aunque todavía no he conseguido que alguna de esas personas se haga vegana no pierdo la esperanza. Algunos de ellos ni siquiera se habían planteado en las condiciones que viven los animales de las granjas industriales y ese es el primer paso, yo me hice vegana por ese motivo.

Recuerdo que mis amigos me preguntaban si yo volvería a comer carne si las condiciones de vida de esos animales fueran adecuadas, con espacio para moverse, al aire libre, con la oportunidad de relacionarse entre ellos y sin una muerte dolorosa, al principio les decía que sí, que volvería a comer carne, pero eso ha cambiado radicalmente, nunca volvería a comer la carne de ningún animal porque después de leer, informarme y reflexionar mucho, me he dado cuenta de que no tenemos ningún derecho a quitarle la vida a ningún animal, sea de la especie que sea.

Ana Arnal Herrador

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