Dieta, energía y calentamiento global

La clase de alimentos que comemos influye tanto como el tipo de coche que conducimos en cuanto a la emisión de gases efecto invernadero. Una dieta vegana puede ayudar mucho a paliar las causas del calentamiento global.
Universidad de Chicago, News Office

La clase de alimentos que comemos influye tanto como el tipo de coche que conducimos en cuanto a la emisión de gases efecto invernadero; los cuales según muchos científicos, son los causantes del calentamiento global. Así lo concluye un estudio publicado en la edición de abril del periódico Earth Interactions(en inglés).

Tanto la combustión de carburantes fósiles al producir los alimentos, como las emisiones de dióxido no carbónico asociadas a la ganadería y los desechos animales contribuyen al problema, afirmaron en su informe Gidon Eshel y Pamela Martin del Departamento de Ciencias Geofísicas de la Universidad de Chicago.

La dieta de un americano medio es causante de la emisión de dióxido de carbono, gas metano y otros gases responsables del efecto invernadero, equivalentes todos ellos a una tonelada y media de dióxido de carbono, algo que se podría evitar siguiendo en su lugar una dieta estrictamente vegetariana, comentan Eshel y Martin. Si en honor al día de la Tierra, el próximo 22 de abril, conseguimos eliminar de nuestra dieta un par de huevos o hamburguesas a la semana, contribuiremos de una forma sencilla a reducir las emisiones de gases efecto invernadero.

"No estamos haciendo un juicio de valor ni una afirmación categórica", dice Eshel, profesor adjunto de ciencias geofísicas. "Sólo estamos diciendo que cuanto más nos aproximemos a una dieta vegana y nos alejemos de una dieta americana, mayor será nuestra contribución al cuidado del planeta. No se trata de convertirse en un vegano a rajatabla, simplemente comiendo tan sólo una hamburguesa a la semana en lugar de dos ya estaríamos haciendo un cambio sustancial".

Un americano medio conduce 8.322 millas al año, emitiendo de 1’9 a 4’7 toneladas de dióxido de carbono, en función del modelo del automóvil y la eficiencia del combustible. Por otra parte, los americanos consumen una media de 3.774 calorías al día.

Durante el 2002, la energía utilizada para la producción de alimentos supuso el 17% de todo el combustible fosil utilizado en Estados Unidos, y su combustión emitió tres cuartas partes de tonelada de dióxido de carbono por persona.

Esto representa aproximadamente un tercio de las emisiones de gases efecto invernadero causadas por el transporte de personas. Por otra parte, la ganadería y los desechos animales que esta actividad provoca, emiten también gases efecto invernadero no asociados a la combustión de carburante fósil, básicamente gas metano y óxido nitroso.

"Un ejemplo lo encontramos en las lagunas de estiércol asociadas al engorde de cerdos a gran escala", dijo Eshel. "El estiércol desprende gran cantidad de óxido nitroso a la atmósfera".

A pesar de que el metano y el óxido nitroso sean gases menos conocidos en comparación con el dióxido de carbono, éstos constituyen, molécula a molécula, gases de efecto invernadero mucho más nocivos que el dióxido de carbono. Una sola libra de metano, por ejemplo, tiene el mismo efecto invernadero que aproximadamente 50 libras de dióxido de carbono.

En su estudio, Eshel y Martin compararon el consumo de energía y la emisión de gases efecto invernadero que suponían las siguientes cinco dietas: la de un americano medio, de carne roja, de pescado, de aves de corral y la dieta vegetariana (incluyendo huevos y lácteos), aportando todas ellas un total de 3.774 calorías.

La dieta vegetariana resultó ser la más eficiente en cuanto al consumo energético, seguida por la de aves de corral y la de un americano medio. La de pescado y carne roja se constataron como las menos eficientes.

El impacto que tiene la producción de pescado constituyó la gran sorpresa del estudio, que se llevó Martin, profesor adjunto de ciencias geofísicas. "La repercusión de la pesca pasa de un extremo al otro", afimó Martin. Las sardinas y anchoas proliferan cerca de la costa y se pueden pescar gastando el mínimo de energía. Sin embargo, el pez espada y otras especies depredadoras requieren un consumo de energía intensivo, así como largos desplazamientos para su captura.

La investigación de Martin y Eshel concluyó que las dietas basadas en las plantas son más sanas para las personas y beneficiosas para el planeta.

"Los efectos adversos de la ingesta de grasa animal, responsables de las enfermedades cardiovasculares, son considerables", señalaron Martin y Eshel. "Por lo que sabemos, no existe actualmente evidencia creíble que sugiera que las dietas basadas en plantas repercutan negativamente sobre la salud; la evidencia adquirida hasta la fecha sugiere que las dietas basadas en plantas son como mínimo tan seguras o más que las dietas variadas".

En su próxima fase de investigación, Eshel y Martin examinarán el consumo energético asociado a las pequeñas granjas orgánicas, para ver si éstas ofrecen una alternativa más respetuosa con el planeta que las grandes empresas agroalimentarias. Este tipo de granjas producen en parcelas de 5 a 10 acres, las verduras necesarias para alimentar de 200 a 300 familias.

"Estamos empezando a investigar si podemos reducir la producción de alimentos para garantizar, de esta forma, un consumo energético eficiente", concluye Martin.

Consultar fuente original en News Office U. Chicago
Traducido por Margalida Serra i Gelabert

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