Juan Carlos Acosta: primer año vegetariano
Mi primer año vegetariano
Me llamo Juanka y estoy a punto de cumplir un año de vida, no, no es una broma, dentro de dos meses festejare el 1er.año de haber abandonado la salvaje costumbre de ingerir trozos de animales muertos, cocinados en el fuego del sufrimiento, y condimentados con las especias de la esclavitud, la tortura y el dolor.
Miro hacia atrás y me parece increíble verme a mí mismo, cual novela de Stephen King, sentado en una mesa con mis manos y mi boca manchadas de sangre, masticando morbosamente los músculos calcinados de una criatura que, horas atrás, estuvo respirando el mismo aire que ahora llena nuestros pulmones, rogando por un poco mas de espacio para moverse, tal vez un poco de verde para sentirse vivo, unas gotas de rocío, unos tímidos rayos de sol, todo negado, todo ignorado, todo robado, solo hierro y metal, solo hormonas y antibióticos, todo camión, suciedad y esclavitud, todo grito, llanto y muerte, y como dice Morrisey, una muerte sin razón no es otra cosa que asesinato, aunque intenten llamarlo de otro modo y empacar pedazos de su vida, sus temblores y sus sentimientos en fino plástico y curioso telgopor de supermercado.
¿Cómo creer que esa misma persona cuyos ojos se humedecen al ver a esos seres de miradas que acaparan toda la ternura de esta tierra, solo comparable con las de un niño al nacer, hasta hace poco era cómplice de este genocidio encubierto que comienza donde termina, y en un andamiaje infinito, se repite día tras día, hora tras hora, en una cadena de muerte y destrucción?.
¿Cómo creer que yo mismo llenaba mi estomago con esos cadáveres y llamaba a eso comida, nutrición?, y vestía mi cuerpo con sus pieles y sus dolores, cargando su vía-crucis de miseria y soledad, pero un día, glorioso e ineludible, mi condena termino, y ya no estuve preso de continuar siendo, participe, canalla y silencioso, de tu destrucción, y esa amnistía prendió en mi corazón y pude dejar de comerte, torturarte, asesinarte, y hoy, a casi un año de esta nueva vida, libre de crímenes en mis espalda y mi barriga, se que no es suficiente, se que ser el tornillo fugitivo del engranaje de explotación y holocausto caníbal no basta, se que ya me han reemplazado mecánicamente, y seguirán funcionando las mismas maquinarias del inacabable negocio de exterminio y explotación, humana y animal.
Sé que solo he dado un paso hacia esa libertad, el primero, él más importante, pero el camino es largo y como dice el poeta, se hace camino al andar, sé que ahora esta lucha será mi sendero y debo seguir andando para que calmen tus dolores, se acallen tus gritos en cada granja, en cada circo, zoológico, en cada calle huyendo del frió y la tormenta, ¿de que sirve la vida si no podemos hacer algo por los que sufren? Y, ¿quién sufre mas que ti, sin voz ni voto, bajo la indiferencia atónita de la sociedad que, o te ignora o te acribilla?, ¿será tal vez que las especies condenadas a cien años de soledad no tienen otra oportunidad sobre la tierra, o será que un día se acabara esta atroz pesadilla especista y podremos todos vivir en paz?
Juan Carlos Acosta (Juanka)
juanka@animanaturalis.com


