Testimonio vegetariano
Aunque desde muy pequeño me gustaban mucho los animales, no empecé a ser vegetariano hasta los 15 años, y de eso pronto hará cuatro.
Aún no sé exactamente porqué en esta edad y no antes (o después), pero sí que coincidió con una etapa que ayudaba muchas veces a mi abuelo, que es ganadero, a dar de comer a los animales de la granja y además, tengo que reconocerlo, era una época que consumía mucha carne.
Cuando planteé a mi madre que quería ser vegetariano, el sorprendido fui yo cuando me dijo que siempre se había pensado que acabaría siéndolo, y nos fuimos al médico.
La doctora no puso ningún inconveniente a que siguiese una dieta vegetariana (muchas veces creo que aceptó porque se pensaba que era una tontería que se me iba a pasar en una semanita). Escribió en un papel dos palabras que eran nuevas para mí: “Seitán y tofu”.
Con este papel me fui a una tienda de dietética (dónde un año más tarde trabajaría) y allí conocí por primera vez a una persona vegetariana, que me mostró una extensa gama de alimentos vegetales que ni me había imaginado que existían.
De un día para otro, dejé completamente el consumo de carne y pescado, exactamente el martes 13 de Marzo del 2001, día que empecé a escribir un diario personal, porque sabía que iba a ser el comienzo de una nueva etapa en mi vida. En este momento no sabía nada de las ventajas que tiene la dieta vegetariana, solo lo hacía porque no quería participar en la masacre animal.
La verdad es que los primeros días lo pasé mal (no tenía las comidas bien organizadas y creía que tenía que comer “carne vegetal” cada día, cosa que era un esfuerzo muy grande porque no me gustaba nada) y todo el día pensaba en el sabor de los cadáveres que me comía anteriormente.
Mi transición al vegetarianismo sólo la sabían mis padres, hermanos, un compañero de clase (sí, sólo se lo conté a UNO de mis amigos) jefa y mi familia materna. Cada vez que había una comida familiar paterna, dónde allí los temas de conversación más recurrentes son la caza y la matanza del cerdo, fingía que tenía dolor de barriga y sólo comía arroz hervido. No se enteraron hasta al cabo de medio año, cuando ya estaba muy feliz de ser vegetariano y convencido de que sería de por vida. En la comida familiar, cuando les conté lo de mi nueva forma de alimentación, observé caras de sorpresa, comprensión, burla, indiferencia y lo mejor: vergüenza (exacto, mi abuela aún se avergüenza de tener un nieto vegetariano.
Al empezar bachillerato todo cambió radicalmente. Mis nuevos amigos (que ahora son compañeros de piso) aceptaron mi forma de pensar aunque no la compartieran y el vegetarianismo pasó a ser un tema divertido y para hacer bromas, pero no de burla.
Ya en esta época empecé a leer sobre el vegetarianismo y a conocer a gente vegetariana, muchas veces por internet. Eso me ha permitido conocer mejor este tema y ser capaz de responder a las preguntas de la gente, muchas veces malintencionada, que te ataca sólo por el hecho de comer diferente... ¿Será envidia?
¡Muchas gracias por vuestro tiempo y ánimos a los que estáis empezando!
Jordi Casacuberta
















